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Andorra, Tristaina, regalo en azul y verde

El agua tiene un gran protagonismo en el pai saje del pequeño estado pirenaico de Andorra durante todo el año,  pero  especialmente cuando la nieve se lo cede casi totalmente después del deshielo .  Llegado  el  momento, los caballos  pastan  libremente  para  hacer suyo el territorio de los Estanys de Tristaina, vigilado desde las alturas por el bello pico del mismo nombre. En una mañana podemos alcanzarlo, recogiendo al  paso  las  imágenes de postal  que ofrecen  sus tres lagos. Andorra alberga en poco más de 450 ha casi un centenar de lagos. Ubicados por encima de los 2.000 m, nacieron durante la época glaciar y muestran una personalidad propia y peculiar. El conjunto lacustre de Tristaina, al noroeste del país y muy cerca de la frontera  con Francia, nutre de agua al Valira Norte uno de los tres grandes ríos que dividen  Andorra con una enorme Y. El vértice de la    letra es el Gran Valira, que se alimenta de las dos aspas formadas por el Valira Norte y al noreste  del Valira de Oriente .Los andorranos han mirado al agua desde siempre . Fueron los romanos quienes bautizaron las antiguas fuentes termales como Caldea . Estas aguas, que figuran entre las más calientes de Europa, sirven hoy para abastecer un complejo termal llamado así, Caldea, importante reclamo turístico del país. Los andorranos siempre se han desta cado por su vista comercial. En el siglo XV utilizaron el agua para lavar y teñir lana, lo que les permitió crear una importante ind ustria textil. Pero también hay una Andorra de leyenda. Algunos abuelos todavía explican a sus nie tos que cuando los glaciares  andorranos  se  encaminaron  para derretirse rumbo al mar, derramaron muchas lágrimas por tener que abandonar un paisaje tan hermoso. Cada una de ellas es hoy un lago. Otros atribuyen a una venganza divina el origen de los Estanys de Engolasters, vecinos del sur de los de Tristaina, ubicados entre las parroquias de EscaldesEngordany y Encamp. Esa Andorra que alimenta cuentos parece andar a otro ritmo que su vocación urbana y concurrida, la actual de las compras y las pistas de esquí. Nada tiene que ver con la de los paisajes tranquilos labrados por los ? ríos, hechos de rocas salvajes y negruzcas, de praderas y flores presuntuosas como la granda lla, símbolo nacional. La parroquia de Ordino, donde se encuen tran los Estanys de Tristaina, es la menos poblada del estado. Su nombre se debe a su importante papel como productora de "ordi" -cebada en castellanoen un pasado ilustre. Aún hoy, la agricultura y la ganadería siguen teniendo peso en esta economía, lo que ha mantenido virgen su entorno al librarle de otras formas de subsistencia más agresivas. El paisaje de Ordino es uno de sus grandes tesoros. Allí residieron los únicos nobles que un día gobernaron el país. La cercanía de Tristaina a la estación de esquí de Ordino-Arcalís, y la consiguiente construcción de una carretera para llegar allí, permite desde entonces acceder fácilmente a una de las grandes joyas del territorio. Un paisaje que habitualmente sólo ha estado al alcance de unos privilegiados, hoy se ha democratizado, y se puede disfrutar a través de rutas variadas. Si olvidamos la acensión al pico, la ruta sugerida es apta incluso para los pequeños excursionistas.

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