4 Casas rurales de Villanueva de los Infantes en Ciudad real

Villanueva de los Infantes, EL lugar del Caballero de la Triste Figura

Se  puede   decir   que   ha mudado tantas veces de nombre, que es difícil seguirle  la pista a lo largo de la historia. De Antiquaria Augusta, la colonia romana junto al río Jabalón, a Jamila. Después, los repobladores cristianos, en el siglo XI, la abandonan y fundan unos kilómetros al norte La Moraleja . Será entonces cuando la Orden de Santiago toma rá la pequeña aldea bajo su protección y  en 1421, el infante don Enrique de Aragón, maestre santiaguino, le concederá la carta puebla. Sus vecinos, en agradecimiento, la rebautizan como Infantes, y unos años más tarde pasa a ser Villanueva de los Infantes . El siglo XIX rescata Infantes para que, finalmente, recupere  el nombre con el que hoy se la conoce. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1974, su trazado se articula según una serie de calles que forman  un tridente las tres vías básicas  de comunicación  de la ciudad con las villas y pueblos próximos-, que junto a las plazas donde las congregaciones y órdenes religiosas se establecen y la peculiar impronta proporcionada por la Orden de Santiago -sus símbolos están presentes por toda la villa-, actúan de aglu­ En esta Santillana de la Mancha, como la definió Víctor de la Serna, fue Quevedo  tinante de un entramado urbanístico que bri lla por su armonía y unidad. En un paseo por esta "Santillana de la Mancha",  como  la  definió  el  escritor  cántabro Víctor  de la Serna, podríamos  partir  de la plaza de San Juan bajo la mirada de bronce de don Francisco de Queve do. A nuestra izquierda, el convento de Santo  Domingo, donde fue enterrado, conserva la austera  celda  en la que acabó sus días . De frente,   peatonal   y   recta   al corazón de la villa, la calle de Cervantes, sitio de paseo, de encuentro y la vía de acceso obligada para descubrir sus tesoros . La casapalacio de los Rebuelta, del XVI, es uno de los primeros en los que fijaremos nuestra atención, porque resume una tipología repetida en los edificios civiles de los siglos XVI y XVII de toda la ciudad; dos plantas en torno a un patio central de as. A la izquierda, la iglesia de las Dominicas de la Encarnación, con una portada barroca de dos cuerpos, el palacio del marqués de Melgarejo y el cuartel de la Orden de Santiago . En la calle Duque San Fernando giramos a la izquierda para subir por la de Don Tomás el Médico, que nos permite ver la popular casa de la Pirra haciendo esquina . Al llegar a la calle Rey Juan Carlos nos dirigiremos hacia la plaza de la Fuente Vieja, donde se halla el convento de las monjas Franciscanas, desde la cual, en unos minutos, estaremos en la plaza de la Trinidad y el convento del mismo nombre . El regreso a la Plaza Mayor nos permite un desvío a uno de esos edificios emblemáticos, en el cual el tiempo parece haberse detenido atrapado entre sus pesadas as terrosas, es la Alhóndiga, con los emblemas  santiaguinos.  Levantada en el XVI, fue casa de contratación y hasta cárcel en tiempos de Felipe V. Tras un último vistazo a la Plaza Mayor, salimos por la  calle Tomás Herrera y regresamos por la de Santo Tomás para recrearnos en el Colegio Menor, el Oratorio y la casa de Santo Tomás de Villanueva .

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