

Montefrío se encuentra a los pies de la Sierra de la Parapanda y rodeada de un paisaje de cortijos u olivares, declarada Conjunto Histórico-Artístico está presidida por un castillo islámico, una enorme fortaleza que domina la ciudad. Declarado Monumento Nacional, fue residencia de la corte nazarí durante siete años, siendo abandonado tras la conquista cristiana.
Destacan en la villa, la Iglesia de la Encarnación, de estilo neoclásico, evoca el Panteón de Agripa en Roma y es conocida como la “redonda”. También resulta imprescindible la visita al Convento de San Antonio, su iglesia, de interior gótico y exterior renacentista, destaca sobre casas encaladas y donde se encuentra Casa Paquita, un acogedor rincón donde recalar.
Y llegamos a Loja, llamada “flor entre espina” por Isabel la Católica, la antigua Medina Lawsa musulmana fue conquistada por los cristianos en 1486. La herencia islámica se siente por el barrio de la Alcazaba. Los cristianos edificaron grandiosos templos y edificios civiles y ya en el siglo XIX la familia Narváez engrandeció su patrimonio con palacios y jardines.
Destaca en esta bonita localidad la fuente de los 25 caños, la Ermita de Jesús de Nazaret, la Iglesia de la Encarnación, la Iglesia de San Gabriel, la antigua Casa de Cabildos o la Alcazaba y Caserón de los Alcaides Cristianos, un recinto amurallado originario del siglo X ubicado en una colina en el corazón de la Loja. En su interior los cristianos erigieron el renacentista Caserón de los Alcaides Cristianos, y en la actualidad es el Museo Histórico de la Alcazaba.
Una visita recomendada es la localidad Moraleda de Zafayona, en la que hay que pasar Loja y dirigirse hacia un desvío a la derecha muy cerca de Huétor Tájar. La villa conserva en su barrio más antiguo la tradición de vivir en casas cueva. Situado en la falda de un declive que desciende hacia el lecho del río Cacín, este barrio mantiene aún su estructura tal como Madoz la describía a mediados del pasado siglo. Y un consejo: alojénse en Las Mimbres.