Las uvas blancas después de estrujadas se introducen en un desvinador donde son transportadas hacía arriba, en un ángulo de 45º por medio de un torno. Este proceso actúa como un suave prensado, liberando jugo conocido como mosto yema que pasa a fermentar sin haber tenido contacto con la piel.
Las uvas tintas son sometidas al proceso de estrujado y eliminación del escobajo, pasando directamente al depósito de fermentación donde se le puede mezclar mosto de uva blanca si se quiere obtener vino tinto clarete.
Para la elaboración de vino tinto clarete las normas estipulan un mínimo del 25 % de la uva tinta Cencibel, aunque muchas bodegas llegan a utilizar el 50 % o incluso más, dependiendo de la calidad de la cosecha.
Los vinos rosados se vinifican como los tintos claretes, pero con menos contacto con la piel y una proporción menor de uvas tintas, o bien exclusivamente a partir de uvas tintas al 100 %, en este caso con un contacto con la piel durante un corto período de tiempo