A finales de la década de 1970, grandes compañías compraron terrenos en la zona e invirtieron en nuevas tecnologías para la elaboración del vino, lo que provocó un revolución en el sector de esta región. Además, un buen número de pequeñas bodegas se agruparon formando cooperativas.
Más recientemente, en los últimos 10 años la inversión realizada en mejorar las infraestructu ras de las bodegas ha superado los 360 millones de euros, pero éste es un proceso que no está, ni mucho menos, cerrado, sino que muchas de estas bodegas y cooperativas siguen inmersas en un continuo proceso de modernización.
Entre otras cosas, el parque de barricas de la Denominación de Origen “LA MANCHA” ha tenido un crecimiento espectacular. Mención especial requiere la inversión en capital humano, clave en la mejora de los vinos manchegos. La incorporación de enólogos, químicos y otros profesionales preparados ha supuesto un salto a la calidad que ya no tiene vuelta atrás.