
Una buena botella de vino siempre llevará un buen corcho, éste se distingue perfectamente porque es mucho más fuerte y de mayor tamaño.
Circunstancias de las huye un bodeguero son, entre muchas otras, la contracción del corcho. Con una temperatura alta y el ambiente seco, el corcho se contrae y permite que el aire se introduzca en la botella. Cuando esto ocurre, el vino adquiere un desagradable aroma a corcho con lo que la botella es mejor desecharla.
Tengamos en cuenta, que la vida máxima del corcho es de unos 14 años así que si tenemos una botella con esa edad y lo que se desea es prolongar más su guarda, debemos sustituir el corcho por otro nuevo, lo que en el lenguaje enológico se denomina recorchar.