Traiciones, reglamentos violados o armadores arruinados han conformado la historia de más de 150 años con el único fin de conseguir el preciado trofeo.
Se llama así porque en 1848 la joyería Garrards de Londres fabricó una serie de Copas y el Royal Yatch Squadron compró una de ellas por cien libras. Tres años después la ofreció como premio para una regata especial. También se le llama por su forma.
El origen de la tercera cita deportiva más importante del planeta, sólo superada por los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol, la situamos en año 1851 en la isla de Wight, al sur de Inglaterra.
Traiciones, reglamentos violados o armadores arruinados han conformado la historia de más de 150 años con el único fin de conseguir el preciado trofeo. Aún así, la verdadera Copa del América no comenzó hasta 1887, hasta entonces y según Mariscal, era una regata de “tres al cuarto”.
En octubre de ese año, el armador George L. Schuyler tiene la idea de donarla con la condición de preservarla como desafío perpetuo para la competición amistosa entre naciones extranjeras. El documento redactado de tan apenas dos páginas viene a decir, que cualquier club de yates del mundo podría retar al defensor. Éste se encargaría de organizar las regatas.

La única condición que ha perdurado hasta hoy es que el barco desafiante ha de ser construido en su país de origen. Schuyler donó la Copa al Club de Yates de Nueva York, del que era miembro, y designó a la Corte Suprema de Nueva York como árbitro en caso de disputas con el Deed of Gift.
Pasaron 100 años antes de que la Corte fuera requerida para mediar.
Tuvo que pasar casi un siglo, el año 1964, cuando se produjo la primera selección de los aspirantes de diferentes clubes es un formato parecido al que se mantiene hoy. Algo muy decisivo que culminó el Australia II en 1983.
Nació con espíritu universal. Cuando el Alinghi gana la Copa, en Auckland en el 2003, retira las costosas limitaciones para diseñadores y tripulación. Y eso abrió el abanico a los participantes. Alemania, Sudáfrica y China acaban de estrenarse en Valencia.
La Copa ha sido un trofeo deseado hasta lo inimaginable, la tentación de magnates. Los ejemplos están en el aviador Thomas Sopwith que lideró tres desafíos con sus yates Endeavour I y II; también Harold Vanderbilt, rey del ferrocarril, capitaneó con sus propios barcos tres victorias en los años treinta. O el más reciente, Ted Turner, fundador de la CNN, timoneó el ganador de 1977, el Courageous (como anécdota: se presentó borracho a una conferencia de prensa).
Un caso obsesivo: Larry Ellison, la segunda mayor compañía de software y novena fortuna del planeta sigue obsesionado con la Jarra. A ella ha destinado el presupuesto más alto de la presente edición: 120 millones.
Cambios tecnológicos, reglamentos variados pero sólo hay algo que nunca ha cambiado y de él dependen todos los participantes: el viento.
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