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El litoral cántabro: de Unquera a Suances


Un abrupto costero con verdes prados.




En la desembocadura del río Deva
se encuentra Unquera, una población que cierra la costa occidental cántabra y es el inicio de nuestra ruta. Antes incluso de iniciar nuestro recorrido que nos lleva a uno de los puntos más atractivos, el Parque Natural de Oyambre, es casi obligación, visitar el precioso convento de San Felipe Neri.

El Parque Natural de Oyambre está situado en el cabo del mismo nombre y rodea la localidad de San Vicente de la Barquera, donde realizaremos el primer alto en el camino. La localidad que conserva un fantástico casco viejo dedicado a la marinería y declarado conjunto histórico-artístico, salva su gran ría con puentes, especialmente el de la Maza, del siglo XV y el puente Nuevo, del siglo XVIII.

Un paisaje merecedor de ser contemplado precisa que subamos a la iglesia de Santa María de los Ángeles, muestra del gótico montañés del siglo XIII. Más muestras arquitectónicas son el castillo de San Vicente, el convento de San Luis y el santuario de la Virgen de la Barquera. Ya en el Parque Natural de Oyambre, con 5.758 hectáreas de litoral formado por sinuosos arenales, acantilados, marismas y dunas donde podemos contemplar el armonioso vuelo de todo tipo de aves, sobre todo de la garza real, los ánades y la espátula.

Tomamos la CA-131 para llegar a Comillas. Bonita villa declarada conjunto histórico-artístico, una modesta aldea de pescadores cuyo destino cambió por la intervención del marqués de Comillas, título otorgado por el rey Alfonso XII, en 1882 al acaudalado Antonio López y López, que mandó construir una serie de monumentos modernistas a un elenco de arquitectos catalanes (estaba casado con un aristócrata barcelonesa).

Originalmente, el marqués se propuso convertir la universidad Pontificia, hasta entonces seminario para pobres, en un centro social de veraneo de carácter elitista.


Posteriormente encarga edificar el palacio y panteón de Comillas
. Pero sin duda el edificio más célebre de la villa es El Capricho, proyectado por Antoni Gaudí cuando el arquitecto contaba con tan apenas treinta años y su fantasía se desbordaba. Gaudí incorporó originales y caprichosas formas decorativas, y es una de las pocas obras que realizó fuera de Cataluña.


Siguiendo por la C-6316 nos dirigimos hasta Cóbreces, población en la que destaca su monasterio cisterciense de Santa María de Viaceli, de estilo neogótico. Desde aquí, llegamos a las extraordinarias cuevas de Altamira, cuya preservación ha obligado a restringir el acceso al público, que puede apreciar una réplica de la cueva y sus pinturas en el museo contiguo.

Descubiertas en 1868 por un cazador, cuenta a 30 metros de su entrada con la famosa sala de polícromos, donde se observan representaciones de animales, signos y figuras antropomorfas.


A sólo 2 kilómetros llegamos a la histórica villa de Santillana del Mar
, donde el paso del tiempo parece haberse anclado en sus calles y palacios. Célebre por el tópico de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana ni tiene mar, presume de haber sido poblada desde hace casi 14 mil años por los hombres de las cavernas. Su aldea medieval se alzó en el siglo XII en torno al monasterio de Santa Juliana que devino en monumento religioso más importante del románico en Cantabria. En los siglos IX y XII, varios reyes le otorgaron donaciones hasta que le fue concedido el título de colegiata por Alfonso VII.



En 1889, la singularidad de su casco antiguo mereció la declaración de conjunto histórico-artístico, un sucesión monumental que incluye  los edificios de la Casona de los Barreda-Bracho, la Casa del Águila y la de la Parra, la torres de Don Borja, la torre del Merino, o los ejemplos de arquitectura civil como la Casa de los Villa, la Casa de los Bustamante, la Casa de los Valdivieso, la del Marqués de Santillana, una de las más antiguas, o la Casa de los Hombrones.



Al margen de la villa, Santillana del Mar cuenta con el mayor espacio costero protegido de Cantabria, con hermosas calas como la de Santa Justa y los acantilados que coronan el abrupto litoral, que sorprenden con sus verdes prados.



Tomando la C-351 en la confluencia de los ríos Saja y Besaya, se forma la ría de Suances, rodeada de verdes cerros, que desemboca en una zona acantilada en un lugar de playa y puerto natural. Saunces es una localidad cántabra cuyo verdadero placer te lo otorga la visita a la iglesia de Nuestra Señora de las Lindes y la Casa de los Polancos sin dejar de lado, que es el lugar de Cantabria donde se concentra uno de los principales núcleos turísticos.
 
 
Cómo Llegar
 
Por el litoral, desde el oeste (Gijón) por la A-8, N-634 hasta Unquera y San Vicente de la Barquera. Por el litoral y desde el este (Santander) a Torrelavega por la A-67. Una vez allí se sigue en dirección Berreda por la CA-131 hasta Santillana del Mar, desde donde se toma la N-611 en dirección a Comillas.
 
 
 




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