
Para ello, nada mejor que acercarse hasta la localidad fronteriza de Miranda de Douro y emprender una aventura tan insólita como inolvidable.
El tramo zamorano de Las Arribes abarca desde la desembocadura del río Esla en el Duero, a la altura del Salto de Villalcampo, hasta la confluencia del Duero y el Tormes aguas abajo de Fermoselle y justo en el límite con Salamanca. La mayor parte de este recorrido sirve de frontera con Portugal y conforma uno de los cañones más profundos, singulares y extensos, con casi cien kilómetros de longitud, de toda la península Ibérica.
Ruta en barco.
Si recorrer Las Arribes sendereando por sus milenarios caminos es una actividad que engancha, realizar una travesía en barco por el fondo de un cerrado cañón, de escarpadas paredes graníticas con más de 200 metros de altura, es algo verdaderamente indescriptible. El pequeño navío acristalado, con capacidad para 120 pasajeros, parte del embarcadero situado bajo el caserío de la ciudad portuguesa de Miranda do Douro. El mencionado puerto fluvial se localiza a 400 metros de la frontera española. El viaje individual tiene una duración aproximada de una hora, pero también se pueden realizar —para grupos organizados con un mínimo de 20 personas— recorridos de dos y tres horas.
Nada más abandonar el embarcadero una sensación de calma, favorecida por el empleo de silenciosos y ecológicos motores, se apodera de los viajeros. Las embalsadas aguas del Duero permiten una tranquila progresión que poco a poco se interna en aisladas zonas que conservan una naturaleza prácticamente inalterada.
La primera sorpresa del recorrido es la llegada al llamado pozo de las nutrias, en el que con un poco de suerte es fácil ver evolucionar a una pareja de estos simpáticos y escasos mustélidos. Siempre bajo la vigilancia de los imponentes acantilados de granito que caen a plomo sobre el agua y en los que apenas pueden arraigar unos cuantos y centenarios ejemplares de enebro y encina, el navío se introduce en un paisaje de ensueño. La vegetación rupícola se completa con aislados bosquetes de almez y una cobertura arbustiva a base de jara, espliego, lavanda y genista.
Numerosas aves encuentran refugio en este inaccesible rincón de Las Arribes. Entre todas destacan varias especies que incluso están en vías de extinción. Las más emblemáticas y exigentes con la calidad ambiental son las cigüeñas negras que tienen en esta zona casi un diez por ciento del total de su población peninsular. También se pueden ver distintas aves acuáticas, aviones roqueros, cormoranes, águilas reales, alimoches, halcones peregrinos, buitres leonados y milanos. Incluso es posible contemplar el señorial vuelo de una de las rapaces ibéricas más amenazadas: el águila perdicera. La posibilidad de ver todas estas aves es real ya que el suave paso del barco apenas molesta su natural actividad. Para ello lo pasajeros deben respetar las normas de los guías y, en las zonas señaladas, mantenerse siempre en el interior y en completo silencio. La cubierta acristalada del navío y los prismáticos que se facilitan permiten una observación espectacular y única.
El recorrido más largo llega hasta la altura de una cascada desde la que se emprende el regreso al punto de partida. En el viaje de vuelta se pueden disfrutar otros elementos del paisaje y de la secular actividad humana. De está última destacan las antiguas pallozas de tejado de paja y de origen celta y las terrazas o bancales en los que los campesinos zamoranos y lusos cultivaban sus escasos productos.