En el sur tunecino la estepa va transformándose en desierto. Comienza Bled el Herid, el país de las palmeras, en que los oasis aparecen como otros tantos jardines exuberantes , parajes deliciosos en un universo hostil. El rosario que forman los oasis de Gafsa, Nefta, Tozeur y Douz produce un encanto sin el que el desierto tunecino perdería su magia.

Destruida durante la guerra y asolada en 1962 por crecidas de una rara amplitud, Gabés se haya dedicado, sobre todo, al turismo de paso y de excursiones más que de estancias. Siempre ha mantenido rasgos de su antiguo papel de ciudad comercial y de centro de acogida de las caravanas. Para los nómadas del Sahara fue durante mucho tiempo el cruce de caminos del litoral y las pistas del desierto.
Formada por diversos barrios hay que pasear por las calles algo polvorientas del centro de la ciudad, visitar el animado barrio de la Petite-Jara donde se alza la mezquita de Sidi Driss, y el mercado porticado o, simplemente, caminar entre sus esbeltos palmerales y sus huertas, de un verdor insolente.

En la actualidad, Gafsa es un crisol de artesanos de alfombras y tapices, que por sí sólo ya es un autentico justificante para detenerse.
Tozeur es el mayor de los oasis tunecinos, con un inmenso palmeral y de más de mil hectáreas de terreno cultivable, produce los dátiles de mejor calidad mundialmente famosos como “dedos de luz”Fachadas de ladrillo formando diseños geométricos, sus casas austeras en las que la sencillez se añade al misterio del sur. Ouled Hadef, el barrio más antiguo de la ciudad, donde se descubren los ejemplos más típicos de arquitectura tunecina. La utilización de los ladrillos, hechos de arena y arcilla, ha encontrado en esta villa su realización más perfecta.
Capital de Bled el Jerid, Tozeur hoy es una ciudad donde el turismo busca más que una breve estancia. Azotada por el sol, tiene un oasis regado por 200 fuentes que aportan 800 litros por segundo, lo que afirma su prosperidad pasada pero también presente.
Un extraordinario jardín ocupa media hectárea bajo la sombra de palmeras que hacen crecer flores y árboles frutales de variados aromas. En las calles de Tozeur, los hombres van y viene llevando aperos agrícolas y sacos llenos de vegetales cultivados en el oasis, mientras los coches pasan con turistas dispuestos a entregarse a la fascinación del desierto.
La avenida Habib Bourguiba, es una de las más animadas de la ciudad gracias a la gran cantidad de tiendas de recuerdos en la que los vendedores aprovechan para insistir a la clientela.
El oasis de Tozeur


Su imagen de fertilidad exuberante, con su oasis, la Corbeille, es uno de los más originales que puedan imaginarse. Escondido en el fondo de un circo de paredes áridas u ocres, ofrece cuando se le contempla como sumergido, un espectáculo de palmeras que se entrecruzan cambiando al mínimo soplo de viento con tonalidades que, según la hora, permiten aumentar las sombras de un verde oscuro o los brillos de un gris ligeramente plateado.
Su simplicidad topográfica hace que su comunicación se establezca de modo natural con el desierto. Formada por dos barrios, en el lado oeste se encuentra la ciudad vieja, con sus calles porticadas alrededor de la plaza del mercado. Aquí se pueden ver a mujeres beréberes con el traje tradicional.
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