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El Gran Sur





Por esa cercanía del desierto, el sur debe ser una excepción en nuestro trayecto ya que debe planificarse un itinerario pues pasmos de de la estepa al desierto y debemos elegir sin peligros para atravesar dichos paisajes. A diferencia del resto de Túnez, el sur debe explorarse bien equipados.

En el sur tunecino la estepa va transformándose en desierto. Comienza Bled el Herid, el país de las palmeras, en que los oasis aparecen como otros tantos jardines exuberantes , parajes deliciosos en un universo hostil. El rosario que forman los oasis de Gafsa, Nefta, Tozeur y Douz produce un encanto sin el que el desierto tunecino perdería su magia.

 
De Gabés a Gafsa

Gabés

Gabés está rodeada
por 30 mil palmeras y por su vegetación variada de un gran oasis a orillas del mar. Una situación privilegiada en el fondo del golfo, cuyo extremo sur se haya frente a la isla de Djerba, permite afirmar que la ciudad ha desarrollado menos sus posibilidades turísticas que su vocación portuaria.

Destruida durante la guerra y asolada en 1962 por crecidas de una rara amplitud, Gabés se haya dedicado, sobre todo, al turismo de paso y de excursiones más que de estancias. Siempre ha mantenido rasgos de su antiguo papel de ciudad comercial y de centro de acogida de las caravanas. Para los nómadas del Sahara fue durante mucho tiempo el cruce de caminos del litoral y las pistas del desierto.

Formada por diversos barrios hay que pasear por las calles algo polvorientas del centro de la ciudad, visitar el animado barrio de la Petite-Jara donde se alza la mezquita de Sidi Driss, y el mercado porticado o, simplemente, caminar entre sus esbeltos palmerales y sus huertas, de un verdor insolente.


Gafsa


La primera visión
de Gafsa es la de una mancha verde sobre una estepa amarilla. Ya en la ciudad apreciamos la combinación de viejas mansiones y edificios contemporáneos bajo el sol ardiente. Se encuentra ordenada por bulevares y edificios modernos debido a su geometría.

Desde el descubrimiento de sus primeros yacimientos de fosfatos en 1886, en las gargantas de Selva, por el geólogo Philippe Thomas, la explotación ha permitido a esta ciudad escapar de su destino rural.


La primera ciudad fue fundada en el siglo II, Próspera durante el imperio, Capsa –así la llamaron- se convirtió en municipio y después en colonia. Rodeada por una muralla en tiempos de Salomón, hacia el 540 recibió el nombre de Justiniano. Sobre le año 688 fue tomada por el conquistador árabe Oqba Ibn Nafii, la ciudad tuvo dificultades para someterse a la nueva religión. El cristianismo estaba arraigado entre los beréberes sedentarios, tanto que en Gafsa se habló latín hasta el siglo XII.

En la actualidad, Gafsa es un crisol de artesanos de alfombras y tapices, que por sí sólo ya es un autentico justificante para detenerse.


De Tozeur a Nefta
 
Tozeur
 
Tozeur es el mayor de los oasis tunecinos, con un inmenso palmeral y de más de mil hectáreas de terreno cultivable, produce los dátiles de mejor calidad mundialmente famosos como “dedos de luz”

Fachadas de ladrillo formando diseños geométricos, sus casas austeras en las que la sencillez se añade al misterio del sur. Ouled Hadef, el barrio más antiguo de la ciudad, donde se descubren los ejemplos más típicos de arquitectura tunecina. La utilización de los ladrillos, hechos de arena y arcilla, ha encontrado en esta villa su realización más perfecta.

Capital de Bled el Jerid, Tozeur hoy es una ciudad donde el turismo busca más que una breve estancia. Azotada por el sol, tiene un oasis regado por 200 fuentes que aportan 800 litros por segundo, lo que afirma  su prosperidad pasada pero también presente.

Un extraordinario jardín ocupa media hectárea bajo la sombra de palmeras que hacen crecer flores y árboles frutales de variados aromas. En las calles de Tozeur, los hombres van y viene llevando aperos agrícolas y sacos llenos de vegetales cultivados en el oasis, mientras los coches pasan con turistas dispuestos a entregarse a la fascinación del desierto.

La avenida  Habib Bourguiba, es una de las más animadas de la ciudad gracias a la gran cantidad de tiendas de recuerdos en la que los vendedores aprovechan para insistir a la clientela.

El oasis de Tozeur


Tiene una extensión de algo más de 1000 hectáreas y cuenta con 200 mil palmeras. Unos 200 manantiales se convierten en arroyos que forman un trazado ruidoso detrás de las dunas. Después de una jornada de excursión, es el lugar ideal para detenerse y refrescarse en medio de bananeros, las higueras y las viñas. El camino se dirige hacia el barrio de Bled el Hader antes de llegar a una plaza principal en la que se alza una torre construida sobre unos cimientos de piedras romanas.


A la derecha de la torre, un camino conduce a la tumba de Ibn Chabbat en la que detrás de una fachada formada por cinco arcos, reposan los restos del sabio árabe. La pista sigue a los largo de cultivos variados atravesando el barrio de Abbes.
 
Nefta


A Nefta se la conoce
como la reina del desierto, adormecida entre la arena en la frontera con Argelia, Nefta conforma una parada indispensable en todo viaje a Túnez.

Su imagen de fertilidad exuberante, con su oasis, la Corbeille, es uno de los más originales que puedan imaginarse. Escondido en el fondo de un circo de paredes áridas u ocres, ofrece cuando se le contempla como sumergido, un espectáculo de palmeras que se entrecruzan cambiando al mínimo soplo de viento con tonalidades   que, según la hora, permiten aumentar las sombras de un verde oscuro o los brillos de un gris ligeramente plateado.

Su simplicidad topográfica hace que su comunicación se establezca de modo natural con el desierto. Formada por dos barrios, en el lado oeste se encuentra la ciudad vieja, con sus calles porticadas alrededor de la plaza del mercado. Aquí se pueden ver a mujeres beréberes con el traje tradicional.

 

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