
En el límite de las provincias de Toledo y Cuenca, justo donde los expertos denominan el triángulo de oro de la viticultura castellano-manchega, se encuentra situada la Finca Venta de Don Quijote, con una tradición de varios siglos de dedicación al cultivo de la vid y la elaboración del vino. En la década de los 90 adquiere la propiedad la Familia Pérez Molina, que inicia un proceso de transformación del viñedo introduciendo nuevas técnicas de cultivo y nuevas variedades. Con una extensión cercana a las 600 hectáreas, cultiva la autóctona tempranillo, syrah, merlot, cabernet sauvignon, garnacha, graciano y petit verdot para tintos; mientras que los blancos se elaboran con las variedades sauvignon blanc, chardonnay y macabeo. Todo el viñedo está guiado en espaldera y provisto de riego por goteo para un mejor cuidado y maduración del fruto.
La bodega, ubicada en el centro de la finca, sigue la construcción tradicional de la zona haciendo homenaje a su nombre, ya que es La Venta de Don Quijote justo donde el afamado Hidalgo fue armado caballero. Sus líneas exteriores arquitectónicas son simétricas y con una ornamentación original típica de La Mancha. La planta, de 12.000 m2, se divide en cuatro zonas: elaboración, crianza, embotellado y almacén. Destaca la nave de barricas, subterránea y con capacidad para 3.000 toneles, en cuya construcción se ha utilizado hormigón para las paredes, madera en las vigas y pilares, además de resina epoxy en el suelo.
Esta bodega, en su afán por compartir su pasión por el vino con los buenos entendidos y entusiastas vitivinícolas, organiza en sus instalaciones catas y visitas guiadas con el fin de difundir y compartir sus deliciosos caldos. Un encanto añadido para disfrutar de estas actividades es la posibilidad de recurrir al exquisito servicio de restauración y alojamiento con los que cuenta, en los que se ponen de manifiesto el buen hacer y delicadeza de sus propietarios.