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Monastir, Mahdia y El Jem, el popular Sahel



 

El Sahel, se traduce del árabe como litoral, una línea costera que enlaza con las extensiones esteparias que cubren el centro del país. De relieve suave, con pequeñas colinas que la separan de las depresiones a veces salubres del interior y que en la costa han dado forma a los fértiles territorios, casi semi-islas, de Monastir y de Mahdia.

Siempre ha sido una región rica en agricultura, con plantaciones de verdes olivares, desde su independencia de Túnez, se han invertido grandes esfuerzos para su desarrollo hasta convertirla en un centro de vacaciones de primer orden. La belleza de un paisaje de luz mediterránea y los colores africanos, Monastir y Mahdia representan la armonía que los tunecinos ansían: simbiosis de civilización antigua y progreso contemporáneo.


Monastir


Ciudad de contrastes
, de profundas raíces árabes-mediterráneas, cuando era la antigua Ruspina, fue elegida por César para emprender su campaña de África. Situada justo en el extremo sur del golfo de Hammamet, que consciente de su situación privilegiada y de su clima, se nos aparece como un oasis marítimo con playas doradas y aguas azul turquesa.

La visita más interesante, seguramente, es el Rabat de Harthema. Edificado en el año 796, es una fortaleza-monasterio cuya silueta de muros almenados domina la explanada entre la Medina y el mar. Desde su torre, la panorámica alcanza todo el litoral.

 
Mahdia

Un estrecho istmo une la pequeña ciudad de Mahdia al continente. Fundada en el año 916 por USAID Allah, guía y predicador del Islam chiíta, fue capital del país en la dinastía fatimita y ocupa el promontorio rocoso del Cabo de África que, además, por su excelente situación geográfica fue considerada inexpugnable desde tierra, y de enorme valor estratégico para defenderse de los ataques de las naves corsarias.

Sin dudarlo, hay que realizar una visita por el casco antiguo de esta tranquila villa, y por el viejo puerto de pesca con sus decenas de barcas balanceándose al ritmo de la brisa.

 
El Jem


Hacia el interior
, en medio de una llanura semi-desértica, y a menos de una hora de Monastir, se eleva majestuoso el orgullo de la pequeña población de El Jem, su espectacular anfiteatro. Uno de los monumentos mejor conservados el norte de África, joya del legado histórico-artístico tunecino.

Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1979, el anfiteatro tiene una capacidad para 35 mil espectadores, el tercero más grande después de los de Roma y Capua. Fue construido en el siglo III, sin apoyarse en ninguna colina ni terreno, y se utilizaba para las luchas de gladiadores y fieras y espectáculos circenses que competían con los de la metrópoli romana; fiel testimonio de las relaciones entre norte y sur de nuestra civilización mediterránea.

 

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