
Túnez despliega el espectro de sus imágenes fugitivas y erige un retrato polícromo en el que se descifran aún las huellas de antiguas civilizaciones.
La ciudad de Túnez, capital de la actual república a la que ha dado su nombre, es la heredera de Cártago, tanto por su estratégica situación geográfica como por su voluntad política de tolerancia y modernidad.
A lo largo de tres milenios, ha sido la encrucijada de caminos, ha puesto su mirada en el futuro sin renunciar a su tradición. Situada en el centro del gran golfo marino, en un istmo entre dos lagos, la metrópoli es una de las más importantes del Magred.
Asentada cerca de las ruinas de Cártago, ciudad madre, volvió a resurgir con la conquista de los árabes que la hicieron capital del país. A partir de entonces no dejó de extenderse. Tras la ocupación otomana, durante el protectorado francés creció la ciudad moderna y desaparecieron las murallas, eso sí, sin afectar a la medina. En el año 1957 se proclamó en la ciudad de Túnez la República tunecina.
De visita
No existe ninguna dificultad para orientarse en la ciudad, ya que está estructurada en gran parte por una avenida de 1,5 Km. de longitud que cambia de nombre de oeste a este –de la medina a la plaza de la Independencia se llama avenida de Francia, luego avenida Bourguiba hasta la plaza de África- y por un eje norte-sur constituido por el conjunto de las avenidas de París y Cártago. Pero toda visita a Túnez debe comenzar por la avenida Habib Bourguiba, que atraviesa la ciudad moderna de este a oeste y acaba poco antes de la entrada a la medina.
La avenida Mohamed V y el Bulevar Burgiba, nos conducen desde la ciudad moderna a la Puerta del Mar, una de las múltiples entradas a la ciudad antigua, la medina árabe. La medina de Túnez, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, guarda en su interior más de 700 monumentos: mezquitas, medersas, baños, puertas con arcos, palacios, fuentes, …
Siguiendo la calle principal, la más turística quizá, llegamos a la gran mezquita Jamaa EzZituna, edificada en el 732 por los omeyas y terminada en el 864 por los aglabíes. Alrededor de ella, organizados en gremios, discurren las callejuelas y los zocos de los artesanos. En los zocos de El Altarine, El Fekka, de la lana, y El Leflana, de los tejidos, se encuentran toda la gama de productos típicos del país.
Ciertamente, por sus precios, su variedad y su calidad, la medina es una invitación a la compra.