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Portugal, el vecino desconocido


Su capital, Lisboa, sigue siendo uno de los destinos preferidos. Abierta al mundo, muchos amantes de estas tierras lusitanas se refieren a ella como el encanto de la decadencia.

Vista de Lisboa

En el punto más occidental de Europa se encuentra el país del fado, Portugal. Se trata de uno de los países que goza de más antigüedad, habiendo sido ocupada por los celtas en el 700 antes de Cristo, y más tarde por los fenicios, griegos, romanos y visigodos.

En 1140 Portugal obtuvo la independencia de Castilla y León bajo gobierno de Alfonso Enrique, aunque contra el deseo de su propia madre, acabando con más de 300 años de ocupación de los moros. Las actuales fronteras datan de 1249, cuando fueron establecidas por el Rey Alfonso III.

Su capital, Lisboa, bien merece ser conocida y querida, sobre todo teniendo en cuenta que compartimos península y alguna que otra tradición, además de ser una ciudad que condensa perfectamente la historia y la esencia del resto del país.

Acudiendo al son del fado

Podemos haber llegado a Lisboa por tres elementos: aire, agua o tierra. En el primer caso, el aterrizaje lo habremos hecho en el aeropuerto de Portela de Sacavém, situado a unos 6 km. al noreste de la capital. A unos 20 minutos de la ciudad, podemos llegar al centro de la ciudad, al barrio de Rossio, en taxi o cogiendo los autobuses 44 y 45.

También en autocar o en tren, y en este caso es probable que acabemos en la estación Santa Apolónia. Muy bien, ya hemos llegado a la centinela del frente Atlántico, ¿y ahora qué?. Ahora vamos a escoger el alojamiento a nuestra medida. Podemos elegir entre: pousadas, hoteles, pensiones-residencias, turismo rural, apartamentos, camping o albergues de juventud.

Alojamientos

Tranvia LisboaLas primeras, las pousadas,
son equivalentes a los paradores o las posadas reales españolas, es decir, hoteles encantadores instalados en lugares privilegiados, incluso algunos son en sí un monumento (castillos, palacios o monasterios). Al igual que los paradores, las pousadas son gestionadas por el Estado, en la variante privada, como el caso de nuestras posadas reales, tienen el nombre de estalagem. A poca distancia de la ciudad de Lisboa se encuentran las Pousadas de Batalha, Óbidos, Queluz, Palmela, Setúbal y Alcocer do Sal.

En cuestión de hoteles podemos encontrar buenas alternativas para nuestros bolsillos. Por ejemplo, podemos optar por un alojamiento tres estrellas en el mismo centro de Lisboa.

Eso es lo que propone el Hotel Botánico. Entre el jardín botánico y la Avenida da Liberdade, cerca del centro histórico y en el corazón del barrio comercial de Lisbora, justo ahí de cerca se situa este hotel. Si nos podemos permitir un hotel de cuatro estrellas, ese puede ser el Solar do Castelo. Esta bonita morada fue construida a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII en el recinto del castillo Sâo Jorge en el sitio previamente ocupado por las cocinas del Palacio d'Alcáçova, lo que le llevó su nombre de Palacete das Cocinas (Pequeño Palacio de las Cocinas). Ocupando 2 pisos y una buhardilla, el hotel tiene un patio y jardines. De allí puede uno admirar los vestigios medievales, en particular una cisterna, que formaba muy probablemente parte de las dependencias del palacio antiguo.

Gastronomía

Las horas destinadas a este placer son muy parecidas a las nuestras: lo normal es comer entre la una y las dos de la tarde, y cenar entre las ocho y las nueve de la noche.

Zacorde
El plato nacional es el bacalhâu
, de hecho los portugueses tienen un dicho que afirma `hay tantas maneras de preparar el bacalao como días tiene el año'.
Si tuviéramos que elegir entre los platos de una carta del restaurante al que hubiésemos acudido, podríamos optar por empezar con una sopa. La açorda es una sopa de pan duro, huevos y ajo, a veces con tropezones de marisco, y si vamos en verano podemos degustar el gazpacho, que al igual que en España se trata de una sopa fría con pan duro, tomates, pepino y ajo.

De segundo podemos probar entre las variedades de cocción del bacalao, y dado que el pescado es el plato principal por excelencia en Portugal, existen otras variantes que no estaría de más probar. Hablamos de elegir entre la langosta (lavegante), la gamba (camarâo), la raya (raia), los clamares (lulas), el salmón (salmâo), el lenguado (linguado), el atún (atum) y las sardinas (sardinhas).

Y antes de pasar a los postres es buena idea degustar alguna de las variedades de quesos. Los más apreciados son los fabricados en Alentejo y la Beira Alta, en especial el queso de oveja queijo da serra. Entre los quesos de cabra podemos comer el Serpa, Évora o Castelo Branco.

Entre las más de 200 clases de pasteles y dulces portugueses, podemos optar para el postre de nuestro primer menú en la capital por un deliciosos budín de huevo, de los monjes Alcobaza o los dulces de Frei Joâo, a base de frutas y uvas Moscatel.

Portugal tiene una extensa tradición en la viticultura y de sus tierras nacen algunos de los vinos más reconocidos a nivel mundial. Dos de los vinos de tal renombre, ambos onerosos o de alta gradación son el Oporto y el Madeira. Algunos de los distintos tipos de de ambos se sirven fríos como aperitivo, mientras que otros están indicados con los postres. Otros de los más famosos del país son los verde (jóvenes), de pocos grados y ligeramente gaseados. Y en una pequeña lista también nombraríamos los siguientes: vinos del Algarbe, de Setúbal, de Bucelas, de Colares, de Alentejo, de Dâo o los vinos del Duero.





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