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¿Qué es lo que más aprecia el turista hoy en día?
Pues no sólo el precio, sino el servicio que se le ofrece, la atención que se le presta y el conocimiento exacto de sus gustos. Y eso es posible encontrarlo multiplicado por dos en un crucero, dado que la mayor parte del tiempo el cliente se encuentra dentro del barco y en varios días de travesía ha de hacérsele sentir como en casa. Por ello, la atención personalizada es una de sus máximas.

Existen varios ejemplos de esto que decimos, y sino veamos cómo se trata el paladar del pasajero. Desde el primer día que ponemos el pie en el restaurante del barco el camarero que nos atiende será el que nos siga a lo largo de todo el crucero y de esta manera conociendo nuestros gustos podrá recomendarnos justo aquellos que puede deleitarnos.

Otros ofrecen la atención personalizada de un monitor de gimnasia o un animador que nos propondrá los juegos más divertidos. En estos casos, los animadores también favorecen que entre los pasajeros que se embarcan surjan nuevas amistades o nuevas relaciones; pueden reír juntos mientras practican algún deporte o acabar bailando en corrillo en alguno de los pubs del enorme barco. Los hay que también tiene casino, sala de conferencias e incluso sala de cine y teatro.


Puede uno incluso perderse dentro del propio barco ya que suelen alcanzar dimensiones espectaculares multiplicadas por las diferentes plantas. El más grande del mundo llega a superar los 300 metros de largo y los 70 de alto.

Los grandes atractivos de estos viajes no es sólo visitar distintas ciudades de distintos países, sino la posibilidad de hacerlo en unas condiciones exclusivas en medio del azul infinito del mar y sobre un hotel-ciudad que ofrece innumerables servicios.


El Queen Mary 2: la corona arrebatada

En la actualidad, el crucero más grande del mundo, un coloso flotante cuatro veces mayor que el Titanic, es el Freedom of the Seas. Con 158.000 toneladas, cuenta con una piscina con olas artificiales para los surfistas, una pista de patinaje sobre hielo y bañeras de hidromasaje suspendidas a ambos lados del barco a más de 34 metros sobre el mar.

El barco puede acoger a cerca de 3.600 pasajeros, tiene 15 pisos y la longitud de 37 autobuses.

El barco tiene en Miami su puerto base y le arrebató la corona al hasta ahora transatlántico más grande del mundo con 151 toneladas, el Queen Mary 2.

 
 
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