La tradición vitivinícola de la DO Utiel-Requena es de más de 2.000 años como lo demuestran los hallazgos arqueológicos encontrados en varios poblados íberos de la región. El cultivo de la vid y el consumo de vino se remontan al siglo VII antes de Cristo, ya que los íberos se asentaron en esta comarca y formaron ciudades importantes como Kelin.
Tras la llegada de los romanos a esta zona, Kelin mantiene su jerarquía pero entre los años 83 y 77 a.C. entra en decadencia. Con la cristianización, el vino adquiere un carácter sacro y aunque en la religión musulmana existen prohibiciones sobre su consumo, también hay constancia de que los musulmanes hispanos elaboraban vino y lo tomaban.
En la DO Utiel-Requena existen numerosas bodegas subterráneas anteriores a la ocupación cristiana y que cumplían la función de almacén doméstico, donde también se conservaba el vino.
De la época medieval son las primeras referencias documentales escritas sobre la vid y el vino, un dato curioso de la uva autóctona, Bobal, es que ya era conocida como planta nueva en el siglo XV.
Siguiendo la tradición medieval, algunos cosecheros podían vender el vino en sus casas, estableciéndose turnos rotativos entre ellos y avisando al público mediante una rama verde o pimpollo de pino que se colocaban en la puerta o ventana de la vivienda como reclamo publicitario.
Gracias al incremento de la población y a la navegación marítima, la viticultura comienza a hacerse más comercial, con la fabricación de aguardientes. Entre los siglos XVII y XVIII funcionaban una decena de fábricas de aguardientes en la comarca.
El siglo XIX supone el auge de la vitivinicultura en Utiel-Requena, ya que se aceleró el ritmo de nuevas plantaciones. En 1847, se abre la que comunicaba directamente la región con el puerto de Valencia y se inicia un importante tráfico de vinos.
En 1887 se inaugura la línea de ferrocarril Valencia-Utiel que propició la formación de verdaderos barrios de bodegas en los alrededores de las estaciones de Requena, San Antonio y Utiel, especialmente en ésta última población, porque en ella tenía término la vía férrea. De esta época data la Bodega Redonda, construida estratégicamente, frente a la estación de tren y que hoy es sede del Consejo Regulador de la DO Utiel-Requena.
Sin embargo, la principal causa de crecimiento y de demanda exterior de los vinos de esta región, fue la escasez de producción en los viñedos franceses que se vieron afectados por la enfermedad del oidium, durante la década de 1852 a 1862. Tras esta crisis en los viñedos franceses, llegó una nueva plaga: la filoxera que arrasó la práctica totalidad de los viñedos europeos entre 1868 y 1900. En España causó estragos, pero los viñedos de la DO Utiel-Requena se mantuvieron sanos ya que las plantas de Bobal poseen una fuerte resistencia a este parásito y permitió a los viticultores ir sustituyendo los pies europeos por los americanos. En 1965 se crea la primera cooperativa orientada a la crianza y embotellado de vinos de calidad.
En torno a la década de los ochenta, nacen en la DO Utiel-Requena las primeras bodegas comerciales de tipo familiar y es en los noventa cuando se produce el gran crecimiento de firmas. En la actualidad, la DO Utiel-Requena cuenta con 110 bodegas registradas.
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