Nuestra ruta comienza en Dalt Vila,
el punto de origen que se encuentra en la parte más alta de Eivissa con su magnífica atalaya para contemplar el conjunto de la fortificación, considerado el más inexpugnable de todo el Mediterráneo, es el que rodea la ciudadela y donde obtenemos la panorámica de la entrada al puerto. Pasamos por un laberinto de callejuelas hasta llegar a Dalt Vila, al portal de ses Taules. A su entrada, dos estatuas romanas, cuyos originales se encuentran en el museo arqueológico de la ciudad.

Tan apenas 4 kilómetros separan
Eivissa de La Reserva Natural Ses
Salinas, su blanca iglesia de Sant Jordi sorprende con su estructura fortificada que nos recuerda invasiones y ataques, al igual que sus torres de defensa de Ses Carragedor y de Ses Portes, del siglo XVI, levantadas para proteger a una población que tenía como principal actividad la explotación de las salinas, así el refugio de Ses Salines es refugio de aves migratorias y cuenta con la mayor diversidad ornitológica de las islas con más de 200 especies censadas.
Declarada patrimonio de la humanidad en el año 1999, pasear entre sus lagunas y las montañas de sal y detenerse en el cambiante sistema de dunas de los arenales que se rinden al mar en las playas de Es Cavallet y Ses Salines, es una de las experiencias más placenteras que puedan realizarse.
No dejamos la costa meridional y continuamos en dirección a Cala d’Hort deteniéndonos en Es Cubelles, en su acantilado donde obtenemos una maravillosas panorámicas de Cap Llentrisca. Ascendemos a la torre Des Savinar por un camino ascendente de tierra y donde encontrmso tres puntos de interés: Sa Pedrera, una cantera abandonada que conserva grafitos de la época hippy; Era de Mataret y De Savinar, atalaya construida en el siglo XVIII. El Parque Natural de Cala d’Hort tiene una gran riqueza ornitológica –el halcón de Leonor tiene ahí su refugio- , pero tiene un elemento más que le añade un carácter casi mágico, el islote Es Vedrá. Una masa rocosa que se eleva 381 metros sobre el nivel del mar y habitada por cabras salvajes, gaviotas y halcones. Los cartagineses la creían morada de la diosa Tania –diosa lunar de los fenicios y cartagineses y emblema de la fecundidad- por eso se le ha conferido durante milenios poderes secretos.
Dejamos la costa para dirigirnos a Sant Joseph de Sa Talaia. La iglesia de Sant Joseph es un ejemplo de arquitectura religiosa ibicenca. El monte de Sa Talaia, es la cima de Eivissa desde donde se divisan las mejores vistas de la isla y el mar. Nuestra siguiente población, Sant Agustí y continuando hacia el norte por la PM-803, llegamos a Sant Antoni de Portmany ofreciendo su enorme bahía, la mayor de toda la costa ya los romanos la bautizaron como Portus Magnus.
Dejamos de nuevo la costa en dirección a Santa Gertrudis de Fruitera y junto a ella, Sant Llorenç de Balàfia con un grupo de cinco masías fortificadas y dos torres de defensa que configuran años de luchas e incursiones piratas. Lo mismo sucede con la vecina, Sant Miquel de Balansat.
Iniciamos la travesía en barco a Formentera que dura menos de media hora. La isla parece abrazar a la vecina Eivissa con una cadena de islotes como el de S’Espalmador, Es Caragoler, Es Penjats, Es Porc y S’Espardell. Llegamos al puerto de La Savina donde es aconsejable alquilar una motocicleta u automóvil. Desde Es Pujols, el mayor centro turístico de la isla, accedemos a la playa de Illetes. Sant Francesc de Formentera es la capital de la isla y en ella destaca la iglesia-fortaleza. El pueblo vecino, Sant Ferran conserva aires como la meca de la cultura hippy.
Nuestro destino está en dos faros: el de La Mola, hacia oriente; y el de Cap de Barberia, hacia occidente, que continúa guiando a los navegantes desde su posición privilegiada.