Esta preciosa isla ha sabido preservar sus casas pintadas de vivos colores y ventanas con marcos blancos.

Se encuentra en la Laguna Veneciana, a 2 km al norte de la isla de Venecia, que como ella también se encuentra surcada de canales por los que se puede navegar en pequeñas barcas.
Es la isla más peculiar que puedan imaginar, una pequeña comunidad de pescadores que enamora por su arquitectura sencilla y tradicional. Las casas en pocas ocasiones superan las dos plantas y evitan ornamentos y lo más característico son sus fachadas, una amplia gama de tonos pastel que también tiene leyenda. Ésta asegura que el despliegue de azules, verdes, granates amarillos, beiges y ocres permitía que cada marinero avistara desde el mar su propia casa.
Burano vivió su esplendor a mediados del siglo XVI cuando se inventó el encaje de punto un aria, hecho con aguja en lugar de bolillo. Una elaboración lenta y laboriosa, que hicieron de estos textiles tuvieran elevadísimos precios. Dichos encajes se convirtieron en un símbolo distintivo de las grandes familias venecianas que los utilizaban para adornar, no sólo sus vestidos, sino también sus hogares.
También con los encajes existe una leyenda: cuentan que las mujeres de
Burano quisieron imitar la corona de espuma de mar que una sirena regaló a la novia de un pescador fiel, que había resistido la llamada de las ninfas marinas.
En la actualidad,
Burano sigue vinculada al mar y es muy habitual ver a pescadores cosiendo redes y reparando barcas.