Una demanda latente en la sociedad actual, que busca espacios donde despojarse de la tensión y las presiones de la vida moderna ligada al asfalto, a la comida rápida, a las reuniones interminables, en definitiva, a las prisas cotidianas.
Se han convertido en refugios contra el estrés y son los abanderados de un tipo de turismo que, esencialmente, busca descanso para el cuerpo y el alma. Aguas termales, lodos, barros, fangos, chorros a presión, algaroterapias, baños terapéuticos, … son los auténticos templos de la paz y la tranquilidad cuyo objetivo, además de los tratamientos de salud, es conseguir relajación y cargarse de energías.

Los orígenes de los balnearios se remontan a los romanos. Ningún otro pueblo en la antigüedad supo hacer mejor uso de las aguas termales para combatir enfermedades y mejorar tanto la salud física como la belleza corporal.
Las termas derivan de antiguos baños griegos. Los primeros baños romanos fueron modestas instalaciones dentro de casas señoriales del siglo II a.c. Aunque no se sabe con certeza, posiblemente las primeras termas, con uso público, fueron las de Estabuis, emplazadas en la parte norte de la ciudad de Pompeya. Las Termas de Trajano iniciaron los llamados baños públicos pero son las Termas de Caracalla y las de Diocleciano los mayores complejos que se construyeron en el Imperio
La huella de los romanos, en las proximidades de algunos balnearios, es latente. Restos arqueológicos ponen de manifiesto el uso que de las aguas hacían los romanos, como lo hicieron los árabes, que pusieron de moda los baños turcos y practicaban diversas técnicas para mantener el equilibrio del cuerpo y la mente.
Pero es en el siglo XIX cuando el termalismo alcanzaría su mayor auge y se convierte en boga en la burguesía española. Es la edad de oro de los balnearios como centros de salud, apoyado por el incremento de estudios sobre los beneficios de la hidroterapia. Recordemos algunos personajes ilustres como Eugenia de Montijo, Lord Byron, Jovellanos, Fernando VII o Campoamor, entre otros que utilizaron las aguas termales en balnearios españoles.
Después vino el olvido, a principios del siglo pasado. En los ochenta empiezan a recuperarse y cambian la tendencia de balnearios como centros de reposo para clientes enfermos o con mucha edad.

Muy importante para los tratamientos, es la localización de los balnearios, normalmente en zonas en plena naturaleza o en paraísos, que aunque artificiales, logran alejarte del mundanal ruido.