Provincia de Zaragoza
Situada en el cruce de caminos que conducen desde el Cantábrico al Mediterráneo y desde éste hacia la Meseta, ocupa la franja central de Aragón, teniendo - además de los naturales contactos con las provincias de Huesca y Teruel - límites con las tierras navarras, riojanas, castellanas (Soria y Guadalajara) y catalanas (Lérida y Tarragona).
Su variado paisaje está formado por sierras atravesadas por valles y barrancos en el bajo Aragón, también por peldaños montañosos del norte prepirineo, o por la parte alta del Moncayo y su somontano. No perdamos de vista las llanuras trigueras de las Cinco Villas, o los páramos de La Violada y Los Monegros; sin olvidar los fértiles Valles del Gállego, del Jalón y del Jiloca; o, como no, los llanos de viñedos que van desde el Campo de Borja y La Almunia de Doña Godina hacia Cariñena y Belchite. Factores todos ellos, que han contribuido a desarrollar un tipo de turismo alejado de la capital.
Se trata del turismo rural constituido en pueblos como Ainzón, Gallocanta, Litago, Murillo de Gállego, Novillas o Romanos que albergan posadas, cabañas, camping, y casas rurales de la provincia de Zaragoza, que destacan por la calidad de sus instalaciones y el elevado nivel de servicios que ponen a disposición del visitante.
Un conjunto de contrastes paisajísticos que, unido al confort de los alojamientos, hace que el turismo rural se haya expandido por los pueblos de toda la provincia, donde el viajero encuentra la proximidad de sus gentes y costumbres y pueden, a su vez, deleitarse con maravillas de la naturaleza que no debemos obviar, como el Monasterio de Piedra, próximo a Calatayud, donde el río desaparece de pronto en las entrañas de la tierra formando un laberíntico sistema de galerías, sifones y cuevas subterráneas, para volver a aparecer con furia saltando en incontables cascadas. No demasiado lejos, se encuentra la laguna más extensa de España, la laguna de Gallocanta.
Es el Moncayo, con toda su grandeza, el que domina toda la comarca. Laderas y frondosos bosques que invitan al regocijo de un paseo. Hermosos pueblos de la zona que, tan bien, han entendido la dimensión de su riqueza y han habilitado, con espléndida estética, hotelitos y casas rurales para compartir su belleza con el viajero. Un ejemplo de ellos, es Vera del Moncayo y su conocido Monasterio de Veruela, que acogió al romántico Bécquer.
Historia, fiesta y tradición, gastronomía y cultura unidas en rincones típicos y llenos de contrastes, reflejados en las casas rurales que encontramos en esta tierra noble y hecha a sí misma. Dotadas de todo lujo de detalles, garantizan el descanso y la tranquilidad del visitante.