Profundos valles, altas montañas y recortadas costas frente al océano en tan sólo cinco mil kilómetros cuadrados, nos muestra a la perfección, la multiplicidad paisajística de Cantabria.
Dureza y belleza a partes iguales, Cantabria sobrecoge e impone porque a pesar de que ocupa un pequeña porción en el centro del Norte de España, da nombre a los dos accidentes geográficos que en ese flanco definen la Península Ibérica: la Cordillera Cantábrica y el Mar Cantábrico.
Patrimonio e historia, vestigios de múltiples culturas que marcan la riqueza de una tierra que cuenta con el espacio protegido más extenso de España conformado por tres macizos calcáreos: el Parque Nacional Picos de Europa, además de la reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja, y cinco Parques Naturales: el Parque Natural Saja-Besaya, que conforma las cabeceras del río Saja y afluentes; el Parque Natural de Oyambre, un conjunto de marismas y arboleda, tras una playa de cuatro kilómetros frecuentada por aves acuáticas; el Parque Natural de la Dunas de Liencres; el Parque Natural Peña Cabarga; y el Parque Natural de los Collados del Asón. Enclaves naturales, algunos de ellos muy visitados, y que gracias a la proximidad de los pueblos de la zona, garantizan el alojamiento. Localidades privilegiadas, que ofrecen al viajero estancias con vistas a estos parajes naturales en casas rurales, albergues, o posadas, que mantienen intactos sus muros cargados de siglos y que han sido rehabilitados de manera exquisita. De nuevo, la unión entre naturaleza y confort que se reflejan en alojamientos como las casas rurales, apartamentos, hoteles...
Pero si existe en Cantabria un hermoso lugar, no es ni más ni menos, que la comarca de Pasiega con sus tres valles, el Valle del Pisueña, del Miera y del Pas. Parajes que se han mantenido aislados, razón por la que se conservan intactas sus costumbres y tradiciones que se pueden conocer en sus casas rurales. Acercarse a estos rincones supone sentir la cultura montañesa, instalarse en un tiempo cuyos pobladores tenían un carácter propio y diferenciado, y en cuyos pueblos aún permanecen rastros históricos de primigenias poblaciones. Un deleite para arqueólogos que siguen con prospecciones en las cuevas del Monte Castillo, en Puente Riesgo y también, una pasión para el viajero curioso pues tiene ante sí una tierra con infinidad de alternativas, entre las que se encuentran los alojamientos ubicados por toda la provincia dejando de manifiesto, que el turismo rural en Cantabria ha dejado de ser una promesa, para convertirse en una realidad llamada casas rurales con encanto, hoteles rurales de diseño o posadas reales. En todas encuentras innumerables servicios y calidad extrema.
Pero también Cantabria es costa, con más de sesenta playas diferentes Playa de Salvé, en Laredo; Playa de Oyambre, en el Tejo, o las conocidas Playas del sardinero ubicadas en el núcleo urbano de Santander, son un ejemplo- Grande, pequeñas, agrestes, tranquilas, recogidas, todas de arena fina y aguas transparentes, todas distintas y todas dispuestas para el disfrute del visitante. Y no podía ser menos, la costa está repleta de alojamientos que respetan en todo momento el entorno: hoteles, hostales, apartamentos, pensiones o casas rurales situadas en los pueblos costeros que dan al turista la paz y la tranquilidad más ansiada.