Senderismo invernal con raquetas de nieve en Aigüestortes

Cuando se marchan los temporales queda el blanco manto como recuerdo de su paso y abre de par en par la puerta al disfrute de cualquiera de las actividades invernales de montaña.

Llega ahora el momento de animarse y dejar de ver la nieve como un incómodo enemigo del senderismo, calzarse unas buenas raquetas y descubrir las especiales sensaciones que la alta montaña nos brinda en invierno. Simplemente, cuestión de amoldarse a las nuevas condiciones y redescubrir conocidas sendas pero bajo un formato distinto y en absoluto menos interesante.

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Decisión y un poquito de rodaje, y cualquiera nos confundirá con un esquimal experimentado. Pero primero, unos pequeños consejos: piernas separadas, aunque no demasiado, lo justo para no trabarse; talón suelto en el llano y las ascensiones; bastones correctamente regulados y paso similar al de la travesía; pierna contraria al bastón de apoyo abriendo huella. Y, a partir de ahí, toda la montaña a nuestro alcance.

Al principio resoplaremos, incluso en la segunda pendiente, la cadera nos recordará la existencia de incómodas articulaciones, y en el tercer descenso, el atracón de nieve de la primera caída nos hará recapacitar sobre la conveniencia de no crecernos antes de tiempo. Además de comprender la insistencia del monitor en no olvidar que las sujeciones del talón hay que fijarlas antes de encarar la pendiente. Pero todo pasa y de los errores se aprende rápido, sobre todo si implican besar la nieve un tanto traumáticamente. Afortunadamente, una vez cogido el ritmo del paso, el placer de la travesía nos hará olvidar esos incómodos deslices iniciales.

 

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Senderismo invernal con raquetas de nieve. Fuente

 

Respecto al equipo necesario, poca diferencia hay con respecto a cualquier actividad invernal de montaña. Imprescindible llevar ropa térmica que expulse con facilidad el sudor. Gore tex, o una membrana similar, para las prendas exteriores, y, como siempre, guantes, polainas, gorro, bastones y botas de alta montaña. No es necesario usar bota plástica si no se tiene. Un detalle, no están de más unos guantes ligeros y transpirables, además de los gruesos; serán más cómodos en los momentos de máximo esfuerzo.

Dominada la técnica y pertrechados para la ocasión, sólo nos queda elegir el lugar idóneo para comenzar la actividad. Pocos lugares mejores para una inmersión invernal que un Parque Nacional como el de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, en el Pirineo ilerdense, a caballo de las comarcas de la Alta Ribagorza, el Valle de Arán, el Pallars Sobirá y el Pallars Jussà. Desde el complejo de Boí Taüll Resort, en pleno valle de Boí, podemos optar por realizar recorridos por la propia estación invernal de Boí Taüll o, una vez lanzados a la vorágine invernal, atrevernos con una travesía por el Parque, para imaginarnos cómo era la zona cuando los glaciares del Cuaternario dominaban el paisaje y erosionaban el sustrato rocoso de granito y pizarra, hasta formar esos típicos meandros en forma de “U”, que hoy dan nombre al Parque de las “Aguas Tortuosas”. Esta región lacustre es de las más importante de los Pirineos, un auténtico paraíso de turberas, canchales, impresionantes picos, bosques de pino negro, abetos, abedules, rododendros y orquídeas.

 

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