Menorca, un museo al aire libre

El contorno de la isla asemeja a un gigantesco animal marino milenario inmovilizado surgiendo de las aguas del Mediterráneo. Habitada desde la prehistoria, ha sido poblada por fenicios, romanos, árabes… dejando un legado cultural extraordinario que se complementa con un valiosísimo entorno natural declarado Reserva Natural de la Biosfera.

Nuestro recorrido se inicia desde la antigua capital de Ciutadella, de arraigo medieval, donde los nobles constituyeron un testimonio de gran esplendor para la historia. En el centro, declarado conjunto histórico y artístico, destaca la catedral gótica, que inició sus obras sobre una mezquita en 1287 por orden de Alfonso III. En 1558 fue destruida por los turcos y la última reconstrucción de su fachada en 1813 fue en estilo neoclásico.

Nos encontramos con la plaça d’es Born, la antigua plaza de armas, donde un obelisco recuerda a las víctimas de la invasión turca, el Ayuntamiento que en su origen fue un palacio almojarife árabe y el punto de partida para un laberinto de callejuelas adornado por una veintena de casa señoriales y palacios como el de Torre-Saura, Sarlot, Lluriach, Martorell o Can Squella.

A 15 kilómetros de Ciutadella, el barranco de Algendar, en Ferreries, es el nuevo enclave que merece nos detengamos para adentrarnos en sus desfiladeros erosionados por el paso del agua. Siguiendo el impresionante cañón de piedra caliza de casi 6 kilómetros de longitud hasta su desembocadura, encontramos la media luna de arenas blancas de cala Santa Galdana, la más famosa de Menorca y una de las más bellas.

 

Cala Galdana

Fotografía de la Cala Galdana

 

En la C-721 y en dirección a Maó, nos encontramos en el corazón de la isla, Es Mercadal, al pie del monte Toro. Cuenta la leyenda que un monje que acompañaba a Alfonso III durante la reconquista de la isla en 1287 siguió la visión de una luz al pie del monte. En el camino encontró a un toro que le cerraba la senda. El monje mostró un crucifijo a la fiera y ésta le condujo dócilmente hasta la cumbre donde la luz iluminaba a la imagen de la Virgen. La Mare de Déu del Toro tiene allí su santuario y es la patrona de Menorca.

Sin abandonar dirección norte, Fornells, epicentro de la costa norte menorquina y el lugar más apreciado para degustar su plato más típico, la caldereta de langosta. La torre de defensa y el castillo de Sant Antoni son un claro ejemplo de las construcciones militares erigidas.

La C-721 nos lleva camino a la capital, Maó. Un gran puerto natural con una ría de 5 kilómetros. En ella apreciamos tres puntos de interés de la arquitectura prehistórica de Menorca: los poblados talayóticos de Trepucó y de Talatí. Indispensable visitar la iglesia del Carmen, construida en 1726 y el teatre Principal, el teatro ópera más antiguo de España.

Toda Menorca está declarada Reserva Natural de la Biosfera. El parque natural de S’Albufera des Grau, al norte de Maó es un ejemplo importante de los singulares ecosistemas de la isla. Las dunas de la marisma como sus bosques y lagunas albergan una valiosa variedad de flora y fauna. El broche de oro que une naturaleza e historia.

 

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