Castro Urdiales, sabor marinero entre joyas arquitectónicas

El olor a mar, a marisco a la plancha entre sus estrechas calles del casco histórico invita al paseo. Varias construcciones de gran belleza como su imponente iglesia gótica contrasta con sus edificios modernistas, reflejo de una época en la que la villa era residencia veraniega de los adinerados bilbaínos. Su oferta culinaria y turística incita al visitante a quedarse unos días en este bello lugar y descansar en alguna de las casas rurales en Cantabria.

Iglesia de Santa María de la Asunción, Castro-Urdiales. Fuente.

Iglesia de Santa María de la Asunción, Castro-Urdiales. Fuente.

Castro Urdiales. Fuente.

Castro Urdiales. Fuente.

Este enclave ha sido receptor de varias culturas. Desde la prehistoria, pasando por la importante Flavióbriga, como la denominaron los romanos, Castro Urdiales posee importantes recuerdos de todos ellos. Grabados rupestres en la cueva de La Peña del Cuco, la antigua ciudad romana bajo el subsuelo de la moderna villa… Este pueblo ha destacado por su puerto y su actividad pesquera, lo que favoreció su crecimiento, tanto de población como económico. En el siglo XIII comienza la construcción de la que es hoy la más representativa del gótico cántabro: la iglesia de Santa María de la Asunción. Sobre un acantilado se muestra visible desde cualquier punto, con una estampa única junto al puente que favorece el paso de los visitantes y al castillo-faro.

Abierta a todos

El paseo marítimo deja ver palacios y edificios modernistas que demuestran el apego y cariño de sus habitantes y sus veraneantes, especialmente los llegados de Bilbao por su cercanía geográfica. Las blancas playas como la de Brazomar o las pequeñas empedradas, algunas en el casco urbano como El Pedregal, se llenan de bañistas, dándole ese ambiente veraniego. Las casas rurales se completan con visitantes deseosos de probar las delicias del mar. Chipirones, lenguado, mariscos o guisos como la marmita de bonito, son platos típicos de las tabernas que ocupan los soportales de la plaza principal. Además, su actividad industrial tradicional pervive con conservas de bonito y anchoas, una especialidad de Cantabria.

El carácter festivo de los castreños se nota por el gran número de personas que participan en su organización. El primer viernes de julio se celebra el Coso Blanco, cuyo evento central es el desfile de carrozas realizadas por artesanos locales, llenando el ambiente de color y alegría. El 14 de agosto, las fiestas en honor a su patrona, Santa María de la Asunción, congrega a sus vecinos en la procesión nocturna de las Velillas, que recorre el casco antiguo acompañando a la imagen con miles de velas encendidas. Un espectáculo imperdible. Por el día, la naturaleza cántabra ofrece vías verdes por donde hacer senderismo o recorrer grandes kilómetros en bicicleta. Algunos de estos caminos coinciden con la ruta Jacobea, una travesía llena de historia y tradiciones, ideal para los más aventureros.

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