Imponentes Castillos: vestigios de una época no tan lejana

El topónimo de Castilla ya lo indica, la Meseta es tierra de castillos: inexpugnables fortalezas medievales que se construyeron conforme se iba conquistando tierra a los árabes. El Reino de Castilla, guerrero y conquistador, se basó en aquellos bastiones para hacer así alarde de su poderío, y en el siglo XV los convirtió en notables residencias. Hoy, las tierras de Valladolid, así como las vecinas tierras segovianas, atesoran magníficas muestras de castillos en sus territorios.

Turégano, cuenta con un castillo de origen remoto que fue, en su día, una alcazaba árabe de curiosa fisonomía. Sus torres cilíndricas enmarcan la espadaña de una iglesia románica, la de San Miguel, del siglo XII, construida sobre el basamento del patio de armas. En el pueblo, donde se puede degustar el cordero asado, existe una fotogénica plaza porticada.

Castillo de Turégano Fuente

Castillo de Turégano
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De Turégano se sigue por tierras segovianas por la SG222 hasta Aguilafuente y, desde allí, por la SG211 hasta Hontalbilla. Tras 16 kilómetros por la SG205, se llega a Cuéllar, villa árabe amurallada que conserva un destacable castillo-palacio del siglo XV, construido en estilo gótico-mudéjar. Desde sus enormes torres, que flanquean sus cuatro esquinas, se otean las diferentes torres y ábsides de sus iglesias mudéjares. Próxima a la omnipresente mole del castillo se encuentra la iglesia de San Martín, con sus señoriales ábsides, y donde se ubica el Centro de Interpretación del Mudéjar. Además de destacar por su artesanía de forjados, fue al parecer en Cuéllar donde se llevaron a cabo los encierros de toros más antiguos de la península, según consta en unas antiguas normas dictadas en 1215.

Siguiendo la ruta, y tras un desvío, se recorren 29 kilómetros por la carretera autonómica 223 – por las reconocidas tierras vinícolas de la Ribera del Duero- hasta Peñafiel. El castillo de Peñafiel se ve desde la lejanía, y su perfil sobre un cerro se asemeja a la imagen de un buque anclado en horizontales campos de viñedos. La construcción de los siglos XI-XV conserva perfectamente sus inacabables torres almenadas, su impresionante torre del homenaje. Precisamente desde ella se puede admirar tanto el conjunto como las vegas del Duero y el Duratón. En el interior se puede visitar el Museo Provincial del Vino. Igual de medieval y auténtica es la plaza del Coso, en el monumental casco antiguo de Peñafiel. Después de este recomendado desvío, se debe regresar a Cuéllar para, desde allí, dirigirse a la siguiente parada, Íscar, a 19 kilómetros. Su castillo, con la torre del homenaje, domina el paisaje de esta tierra de pinares.

Castillo Peñafiel Fuente

Castillo Peñafiel
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Al sur y al norte de la localidad se levantan dos importantes castillos que se apartan unos kilómetros del recorrido principal. A 14 kilómetros al norte por la VA1202 se encuentra Portillo, localidad alfarera famosa por su repostería pero también por el castillo, que alternó las funciones residenciales y las de presidio. Si se recorren 17 kilómetros al sur por la SG351, se llega al castillo de Coca, una auténtica joya gótico-mudéjar.

Sus imponentes dimensiones se protegen con sendas líneas de murallas almenadas y torreones. La imbatible torre del homenaje protegida por un foso está flanqueada por redondas torres. De la fastuosa decoración interior poco queda, por lo que hoy se trata de un espacio más bien austero. La villa, que se protegía también con una muralla, presume de ser patria del emperador romano Teodosio el Grande. Cerca de Coca se encuentra el destacado monasterio de Santa María la Real de Nieva. A unos 15 kilómetros por carreteras locales se llega a Olmedo, con bellos ejemplos del mudéjar y con un parque temático de este arte. Y a 20 kilómetros por la CL602, Medina del Campo es una interesante localidad turística vigilada, desde un altozano, por el castillo de la Mota (siglos XIII-XV), muy desgastado por la erosión.

Utilizado por los Reyes Católicos, lo convirtieron en la principal fortaleza de Castilla y fue precisamente aquí donde, en 1504, murió Isabel la Católica. Su torre del homenaje fue la prisión de Estado y por allí pasaron personajes como Diego Hurtado de Mendoza o César Borgia, que al parecer se fugó del castillo deslizándose por una larga soga.

Castillo de Medina del Campo Fuente

Castillo de Medina del Campo
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Otro castillo que se impone en la ruta Salamanca-Valladolid, es el castillo de Simancas. Fue mandado construir en el siglo XV y un siglo más tarde su función dejó de ser la propia de un castillo para convertirse en archivo. Actualmente, custodia documentos en su mayoría modernos  y es considerado como uno de los más importantes del mundo.

Castillo de Simancas, Valladolid Fuente

Castillo de Simancas, Valladolid
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Pero la lista de bellos castillos es inagotable. Más al norte hacia Valladolid se podría completar la visita haciendo parada en los de Torrelobatón o Fuensaldaña – ligados a los comuneros.

Una tierra rica en cultura, en tradición e historia. Una tierra que invita a comer bien y que ofrece buen vino con el que contentar los paladares más exigentes. Al fin y al cabo, la gastronomía de interior es uno de los mayores reclamos que ofrece este tipo de turismo.

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